SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


08 marzo, 2008

Noir

El mundo se estaba viniendo abajo, y llevaba días así.
No recordaba cuando había entrado mi ultimo cliente, y eso ya se estaba volviendo un problema. En mi billetera ya no tenia ni para alimentar a las polillas.
Miraba el reloj en la pared, y los segundos tardaban eternidades completas en pasar.
Intentando mantenerme ocupado, puse sobre el escritorio mí maquina de escribir. Y comencé a martillar las letras. Cada tecla sonaba como un disparo en medio de la húmeda oficina.
En un mundo Noir, las cosas son distintas.
El sol nunca se ve, y generalmente llueve. Cuando no hay una tormenta, la niebla lo deja ciego a uno.
En este mundo, la vida de los demás pierde su valor, mientras que la de uno tiene un precio que muchos se disponen a cobrar.
Uno siempre lleva piloto, y si sabe hacer bien las cosas también un sombrero haciendo juego.
Aquí, una estatua de un halcón puede costarte todo, y que un hombre viejo muera y una chica joven viva, es un trato justo.
Se pueden pasar años esperando en una habitación polvorienta, con un cartel en luces de neón que funciona a medias, un ventilador cuyas aspas casi no giran y una puerta por la cual debería entrar una belleza rubia, con vestido ajustado y abrigo de piel, dispuesta a mostrarse frágil para terminar siendo un demonio.
No muchos elegirían vivir en un mundo así. Pero cuando hay pocos autos en la calle, la lluvia me golpea el rostro, el sol parece haber abandonado su puesto y la poca gente que se ve tiene aspecto siniestro, no puedo evitar sonreír y sentirme en casa.
Un chirrido proveniente del infierno me alertó. Levante la vista y la vi a través de la puerta. La silueta era difusa, pero en cuanto vi esa pierna de kilómetros y su zapato con taco de 12 centímetros, pude respirar tranquilo.
Finalmente, volvía a la acción.

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