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Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

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Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

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Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

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Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


01 agosto, 2011

Una parte del trato.

Pintura by Edmarie Díaz



El Viejo se sentó en los escalones de un pórtico, en el callejón que era su casa. Con esfuerzo, porque sus huesos ya no estaban para esas cosas, pero lo hizo.
Se acomodó mientras los chicos comenzaban a llegar. Era un lugar humilde, un callejón donde convergían un par de casas, parte de un pueblo lo suficientemente grande como para permitirse ese espacio, pero tan, tan pequeño como para que los chicos tuvieran permiso, no solo para seguir jugando en las calles, sino para sentarse a escuchar a un vagabundo con muchos años y aún más historias en su haber.

Una vez, el Viejo les contó que el tiempo no lo hace envejecer a uno, sino las historias. Los sucesos, las anécdotas y los recuerdos, las historias se van acumulando dentro de uno, y el cuerpo se va gastando al tener que soportar su peso.

Pero eso no es lo que pasó esta vez, no.

En esta ocasión, le respondió a uno de los chicos, a uno que empezaba a crecer y a notar que los adultos no tienen tiempo para contarles cosas a los chicos. El muchacho le pregunto porque él, más adulto que la mayoría de los otros adultos, todas las tardes les relataba historias. Y el Viejo le respondió.
Lo que les contó, sus palabras, fueron estas:


Los Antiguos Magos siempre lo supieron. Era algo básico, era fundamental, era la piedra angular de su arte. Las cosas están vivas.
Si, obviamente las personas lo están. Y los animales, e incluso para la mayoría, las plantas. Al menos hasta que mueren.
Pero eso lo saben todos.
Lo que sabían los Antiguos Magos, era que todas las cosas están vivas.
La magia no se trata de utilizar el poder para convocar el fuego, ni de controlar la voluntad de las bestias al propio antojo. La magia se trata de saber entender el lenguaje de cada cosa. De aprender a entender lo que las cosas dicen, lo que piensan, y lo que realmente quieren. La magia es hacerse compañero de cada cosa, y descubrir como pedirle algo.
Así como cada chico aprende como pedirle a su papá o abuela o tío un chocolate, y aprende cual es la forma en que se lo tiene que pedir para que este se lo dé, del mismo modo los magos aprenden la forma de pedirle al agua que se convierta en hielo, y a la roca que se abra y le permita entrar en el seno de la montaña.
Todo vive. Y todo lo que vive, sueña. Y el buen mago entiende las palabras de las cosas, y los pensamientos de las cosas, y así termina por entender los sueños de las cosas.
Un buen mago, ayuda a las cosas a alcanzar sus sueños.
Porque el humano no solo vive, también se mueve y es libre, y puede pelear por sus sueños.
Pero el Sol solo puede pasear por el cosmos, y el árbol solo puede crecer donde su semilla fue plantada. Y el mago, así como le pide a las cosas, a cambio debe ayudarlas a cumplir sus sueños. Ese es el trato desde que el mundo es mundo, y la magia habita en él.
Y así como yo viajé y conocí mundo y aprendí, un día fue tiempo de que encontrara mi lugar y me asentara. Pedí cobijo a este callejón, y él me lo otorgó.
A cambio, me pidió viajar y conocer mundo. Y aquí voy a estar, cada tarde, ayudándolo a cumplir su sueño.


3 comentarios:

Solchii dijo...

Deifinitivamente, me enamoré desde el primer parrafo que describis la magia. Me gustó MUCHO MUCHO MUCHO

Seba dijo...

Excelente, muy "nuestro" el relato :)

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas gracis Solchii, Seba!
Muy bienvenidos los comentarios :)