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Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

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Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

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Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


20 julio, 2012

Un Juego



No sé cómo habíamos llegado a eso, pero ahí estábamos los cuatro. En esa mesita cuadrada, en un bar que nunca había conocido tiempos mejores. La música hacía casi imposible hablar.

Mi primo había quedado enfrentado a mí. A nuestros lados estaban las dos damas que nos acompañaban. Lo miré él, bien peinado, con su sonrisa brillante, sus hombros de perchero y un metro noventa que se notaba aunque estuviese sentado.

A mi derecha, Sofía, un ejemplar de "ratón de biblioteca" sacado del manual: anteojos gruesos, pelo atado, una sonrisa tímida. Seguro en la cartera llevaba un libro.

En el lado opuesto... Su opuesto personificado: Jennifer. Rubia, ojos celestes, muy buena figura y probablemente un hoyuelo o dos cuando sonreía. Un ángel que podría ser tapa de la próxima Playboy.

Sofía intento arrancar una charla, hablar algo más que las tres pavadas que la música nos permitía discutir, pero nadie intentó seguirla. Era imposible. La camarera salvó el momento, trayéndonos otra ronda de bebidas. Creo que ninguno de nosotros las había pedido. Latas de cerveza nos trajo. Hace rato que no veía de esas en un bar.

Adónde apuntaba la noche ya estaba bastante claro, pero mi situación no. Y no pintaba bien. No soy un desastre, pero ciertamente mi cuerpo no atrapa miradas. Tengo nariz grande y soy algo petiso. Uno no elige, y eso era lo que me había tocado en suerte. Definitivamente, mi primo había llegado a algún arreglo cuando se hizo el reparto, porque no había chica que no le echará por lo menos un ojo.

Pensé que lo único que me quedaba, era hacer un juego de habilidad, atraer la atención desde otro lado. Básicamente, competir de forma desleal. Y se me ocurrió una idea para estar seguro de que esa competencia que yo había inventado, me asegurara una posibilidad con la señorita de mi elección. No podía fallar. Estaba convencido de que era la clase de cosa que la conquistaría.

Pensé que si el destino no había sido justo en un principio, jugar deslealmente era kármicamente correcto. Tomé otro trago, y gritando hasta casi quedar afónico, desafié a mi primo:

–Te apuesto a que puedo aplastar esta lata con la cabeza, con menos esfuerzo que vos.

Se rió en mi cara, poco menos que tomándome por loco. Teniendo en cuenta que sus brazos eran más grandes que mi torso, no se lo podía culpar.

Pero la competencia siempre atrae a los Machos Alpha. Entre el ceño apenas fruncido de Sofía y la sonrisita de Jennifer (que de algún modo me recordó a Megan Fox), mi primo asintió mirándome a los ojos. Toda una muestra de hombría. Quizás gruñó y mostró los dientes, pero no llegue a verlo.

Bueno, que la suerte estuviese de mi lado: me termine de un trago mi cerveza y le estire la lata.

La agarró con una mano que la cubría casi por completo, apoyó la base en su palma, y con un movimiento digno de lucha libre, le dio un cabezazo. 

Impresionante.

Creo que si yo la hubiera pisado, no quedaba tan chatita.

Sonrió, dejando ciego a medio mundo. Se irguió, justo en el momento que terminaba un tema, y me tiro la lata, que yo agarré apenas, con mi torpeza habitual.

Le había quedado una marca muy roja en la frente, pero fuera de eso estaba intacto.

Con el corte de la música y los oídos aturdidos, parecía que de repente todo el lugar estuviese en silencio y mirando hacia nosotros.

Suspire mentalmente, hice saltar en mi mano su lata aplastada y la apoye con fuerza sobre la mesa.

–Así es como yo uso la cabeza para aplastar una lata.

Ella se rió de una forma deliciosa, convenciéndome de que era mi tipo de chica. La música volvió a sonar y le hice una seña para que nos fuéramos de ahí. Por suerte asintió, con lo cual no iba a tener que estar ahí cuando mi primo dejará de estar tan concentrado en entender lo que había pasado y decidiera aplastarme a mí de un cabezazo.

Tomando a mi compañera por la cintura, nos fuimos hacia la puerta, mientras yo la miraba de reojo. Me encantaba como se veía con esos anteojos y esa sonrisa ahora un poco menos tímida.



Se agradecen los consejos de edición de Mr.Net!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sublime.... como siempre...

Beluxa dijo...

Excelente!
Cada día es más divertido pasearse por acá.

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas gracias Belu! Intentaremos seguir divirtiendo al público!

Y gracias Anónimo! seas quien seas, estés donde estés!