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Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


15 septiembre, 2012

Fuera del Cuerpo


Siempre disfruto de estar en la mente de las mujeres. Nos detengo frente al espejo, y nos convenzo de acomodar nuestro escote. Respiramos profundo para sentir nuestro perfume. Sonreímos de forma espontanea (a ella también le gusta lo que ve en nuestro reflejo). Antes de que Darío se dé cuenta y empiece con eso de “Nacho, no te podes ir por ahí mientras te estoy hablando”, dejo que mi ser vuelva a mi cuerpo y que la rubia siga su camino fuera del restaurante.
Parece que no me perdí de nada, porque Darío sigue en lo mismo:
–... en serio Nacho, no está bien eso. Una cosa es que consigas que un patova nos haga pasar al VIP, pero con esto te vas de mambo. Es como una estafa. Es ilegal.
Veo que se pone a jugar con su chivita, y me doy cuenta que está encabronado en serio. Siempre que algo no le gusta hace lo mismo. Pero no es la primera vez que me dice esto. Él no entiende. Y además, no hay ninguna ley en contra de lo que hago. Es lo bueno de ser el único que tiene una capacidad: nadie te la regula. Excepto algún amigo demasiado moralista.
–Mirá, sé que me lo decís con la mejor onda, pero no exagerés tampoco. No me postulé a presidente. Es un puesto de vendedor. Lo peor que va a pasar, es que un par de tipos con muchísima guita, van a gastar unos buenos mangos en algunos autos de alta gama. Y yo me voy a quedar con las comisiones. No jodo a nadie. Además, vamos a estar laburando juntos. Sabés que eso va a estar bueno.
Veo que ya toma aire para seguir discutiéndome, y como no tengo ganas de escucharlo, me meto en el mozo. Nos hago ir hasta la mesa de al lado de la que ocupo con Darío, y le servimos de un sifón a una cliente. Pero me encargo de que pongamos mal la copa, y dejamos a la señora bañada en soda. Me rajo del tipo en cuanto siento que nos embarga el sentimiento de vergüenza y culpa (sabíamos que lo habíamos hecho apropósito, aunque el mozo nunca iba a entender porqué).
Vuelvo a mi cabeza, y lo veo a Darío riéndose mientras pone su cara de "Nacho, sos un pelotudo". Pero bien que se ríe de la señora y de la cara del mozo, que todavía se pregunta qué carajo acaba de hacer.
Sé que mi amigo nada más quiere lo mejor para mi, pero para él es fácil. Él ya tiene un buen trabajo, y está por recibirse. Su departamento es tan grande, que en el baño entra mi monoambiente entero. Así cualquiera.

Hace dos meses descubrí que me puedo meter en la cabeza de la gente, y hasta ahora lo había usado para jugar. Al principio, simplemente estar en la cabeza de alguien más ya era una sensación espectacular. Con la práctica, se había hecho cada vez mejor.
Primero sentir cosas que le pasaban al otro. El otro se rascaba la cabeza, y yo sentía la picazón. El otro esperaba en la fila del McDonald’s, y yo sentía su hambre. Nuestra hambre. La primera vez que me metí en una minita que estaba con el periodo, creí que me moría.
Hace dos o tres semanas, se puso más interesante todavía. Puedo hacer cosas cuando estoy en la cabeza de alguien. Hacer que un viejo rata deje cincuenta mangos de propina, o que a un barman se le vaya la mano con el fernet que pone en el vaso.
Y lo más loco, fue cuando empecé a reconocerme en la otra persona. Alguien grita "Manuel!" y yo me doy vuelta, porque en ese momento soy Manuel. O Don José, o Rosalía. Y ni lo pienso. También me reconozco a mi mismo en el espejo, pero no soy yo, soy la otra persona. Y me reconozco igual. Es espectacular.
Pero todo eso había sido juego nomas, y era hora de empezar a sacarle provecho al asunto.
Por eso lo del laburo. En la entrevista, había sido fácil. Era cuestión de estar en la cabeza del pancho ese de recursos humanos, y pensar "uh, si, si, que bien que da el perfil de este pibe para lo que buscamos", mientras escuchaba a medias las boludeces que decía mi cuerpo (el de verdad, el mío), en ese modo automático que se pone cuando mi mente está en la cabeza de otro.
Y el lunes, cuando arranque, va a ser un golazo. Meterme en la cabeza de todos esos garcas llenos de guita que entren a la concesionaria, y hacer que gasten una fortuna en un Masserati o una Ferrari. La comisión al bolsillo, y todos felices. Menos Darío, que no entiende que por una vez me toque a mi tenerla fácil.

Terminamos de comer, y nos vamos a un boliche que queda a un par de cuadras del restaurante.
El lugar esta bueno, es una onda medio tranqui, y da para chamuyar.
Pero un par de horas después, pienso que va ser una noche de porquería. No pica nada. Varias minas lo miran a Darío, pero él ve como me está yendo a mi, y se copa haciéndome el aguante.
Podría meterme en la cabeza de alguna piba, y darme una manito de esa forma... Pero me da cosa, es medio como apretarme a un chabón. Porque si a la chica le estoy gustando… voy a sentir eso. Un asco, aunque sea yo. Ya me pasó una vez, que me había metido en petisa que estaba con el novio. No, de nuevo no. Así que en esta, estoy sólo.
Así que pienso en cazarlo a Darío de la barbita y usarla como correa para que rajemos de ahí. Pero noto que una morocha me está mirando. Buen cuerpo. Pinta de gato (pero no de las que cobran). Decido darme una chance más.
A los cinco minutos charlamos como dos loros. A los quince, estamos bailando bien pegados. Y al rato, me la estoy chapando a dos manos. En el medio, viene mi amigo a decirme alguna boludez. Muy desubicado. No le doy pelota, él se puede conseguir algo, y la piba pinta que me la llevo a casa esta misma noche.

Escucho un ruido y me despierto. Miro el reloj, son las diez y pico de la mañana. La flaca se está vistiendo. Cuando logro desenredarme de las sábanas, voy hasta la cocina y me pongo a preparar café para los dos. Pero ella viene del cuarto, y me dice que está apurada, porque tiene que entrar a trabajar. Me deja su celular, para que arreglemos así nos volvemos a ver, y se va al toque.
Aprovecho para darme una ducha, y después salgo para el barcito donde nos vamos a encontrar con los pibes para ver el partido. Es un poco temprano, pero siempre cae alguno un rato antes.
Llego y lo veo a mi futuro compañero de trabajo sentado en nuestra mesa de siempre, pero está mirando la pared. Colgadísimo a más no poder. No me gusta que esté así. Me rasco la pera por entre la barba, pensando que Nacho está abusando demasiado de eso de meterse en la cabeza de otros. Ahí, me ve, y me pega el grito:
–¡Eh, Darío! Vení, sentate.

4 comentarios:

Maru dijo...

Me encantó y te odié cuando ví que no seguía... NECESITO que siga ¬¬

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas gracias Mevi!
Y lo siento, pero este creo que sí termina ahí! ^^

Veruka dijo...

Espectacular.

Hola, soy Pame y no te odio.

Un Cowboy Actual dijo...

Jajajaja
Muchas gracias Pame! y... bueno, ambos sabemos la verdad. Mejor ni la comento :P