SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


04 octubre, 2012

En construcción.


Parado en medio de la habitación, estiré mi brazo. Mientras lo movía siguiendo la línea de algún horizonte, dejé que mis dedos oscilaran, subiendo y bajando, al igual que mi mano lo hacía. Trazando líneas invisibles.

Vi las estructuras, solidas, oscuras, sin vida.

Mi mano retrocedió por el aire, barriendo lo que antes había dibujado, pintándolo. Cada dedo marcaba su propio ritmo, y así iban apareciendo las luces poco a poco. Algunas prendidas, otras apagadas, pero todas ahí.

Vi los edificios, en medio de la nada, flotando.

Con un movimiento más rápido, mi mano cruzo por encima de todos los edificios, cerrándose, agarrando, atrapando, arrancando lo que ahí había. Dejando el fondo hueco e infinito.

Vi el cielo negro tras los edificios, amparándolos.

Mucho más lentamente, mi brazo retrocedió por otro camino, pasando bajo el cielo, pasando bajo los edificios. Mi mano desmenuzaba todo lo que había tomado, fundiendo la materia en retazos.

Vi el mar y sus olas, reflejando una noche vacía.

De forma descuidada, mi mano se abrió una y varias veces, mis dedos disparándose, escupiendo puntos de luz a la noche y su espejo.

Vi la ciudad costera, en medio de la noche.

Mi índice pintó un arco sutil, apenas un rasguño.

Olí el mar, su gusto salado en mi boca. Escuche las olas compitiendo contra los sonidos de la ciudad. Todo bañado por la luz de la luna.

Acomodé mi brazo a media distancia de la obra, y cerré mis dedos tomándola. La atraje hacia mí.

Y con las mareas a mi espalda, sentí el agua besando mis pies, mientras miraba hacia arriba, buscando el cielo que los edificios no me dejaban ver, en esa nueva ciudad poblada por historias sin contar.