SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


15 octubre, 2012

Mi carrera - Ideas



Si de algo se trata mi carrera como escritor, es de contar historias. Las historias pueden nacer de una gran variedad de orígenes. Pueden nacer de cosas que pasaron, cosas que uno piensa que podrían pasar. Pueden nacer de cosas que uno inventa de la nada pura (dejemos que el psicoanálisis y la filosofía discutan ese punto), y pueden nacer de la inspiración proveniente de prácticamente cualquier cosa.
Veo romperse una botella: ahí nace la historia de Javi, que estaba convencido de que al ser barman iba a estar lleno de minas, le guiño un ojo a la rubia que le pidió el daiquiri, y tiró hacia arriba la botella de ron. Habría preferido estar en el infierno antes que ver la cara que puso la chica cuando el vidrio estalló contra la barra, pero también nace la historia del contenido de la botella las olas se llevaban así, la última esperanza de Tomás de ser rescatado, y no nos olvidemos de la historia de quien se lleva la botella Antonio la tiró a su carro, donde golpeó con varias tras. Con eso, iba a tener suficiente para comprarse una buena cena. Una cena de fin de año como Dios manda, también hay otras historias donde la botella está habitada por el diablo y concede deseos con un costo importante, y mil historias más.
Realmente creo que no importa de donde uno se inspire. Mientras que si se trata de cosas que le pasaron a otro uno se cuide de disfrazarlas, difícilmente el origen de la idea vaya a ser puesto en discusión. Si se tiene suerte, en unos cuantos años alguna profesora de secundario se pondrá a asegurar que esa historia de un chico que le roba un beso a su compañera de primer grado (jugando a la botellita, porqué no), en realidad es una metáfora de la crisis de los ‘90, pero contra eso no se puede hacer nada. Cada uno se dedica a lo suyo, al fin y al cabo.
Si bien el origen de la idea no me importa, lo que si considero fundamental es tener ideas.
Muchas veces uno se preocupa por la originalidad de lo que quiere contar, sí alguien ya lo dijo antes, y el tenebroso riesgo de que lo haya dicho mejor de lo que uno se cree capaz. Hay que olvidarse de eso. Todo ya fue dicho antes. Así que lo que importa es que uno cuente su propia versión. Que lo cuente desde uno, y a su modo. Entonces, si está realmente bien contado, si uno genera interés con sus palabras… Poco va a importar si la historia ya tiene una o mil versiones.
En mi caso, suelo tener ideas que dan para un desarrollo largo, historias que ameritan una novela (o quizás, y ya que cada vez hay más clasificaciones, una nouvelle, esas novelas cortas y con menos líneas argumentales). Las historias cortas, cuentos, relatos, suelen ser más improvisados. Parten de una imagen puntual o de una consigna.
Como suelen ser ideas para historias largas, suelen tener varios vericuetos, bastantes detalles. Por eso me gusta anotarlas. Las he anotado de varias formas distintas, desde palabras sueltas, hasta pequeñísimos extractos que quizás algún día formen parte de ese escrito que estoy proyectando a futuro. También anoto situaciones, conflictos, frases, personajes… Todo vale, intentando no dejar nada afuera, para que al tiempo y mi mala memoria se les complique perderlo.
Claro que hay cosas que termino no anotando, a veces por considerarlas menores, y otras veces porque sé que están grabadas a fuego en mi cabeza, que esas historias ya las tengo marcadas dentro de mí, y no necesito ningún ayuda memoria. Igualmente, anoto al menos el título provisorio, una referencia mental con que llamo a ese futuro texto. Mejor no correr riesgos.
Empecé con esa costumbre hace unos dos años, y ya me he encontrado leyendo alguna idea que había olvidado por completo. Confieso que algunas ya perdieron su encanto, las leo y no vuelvo a sentir ese fueguito adentro mío que quiere ponerse a cocinar la historia. Pero otras las he releído y volvieron en una llama fuerte y potente, que seguramente va a terminar siendo desarrollada.
Muchas veces voy cambiando cosas que estaban anotadas. Como en todas las artes, hay que estar dispuesto a tirar lo que no sirve, y a veces algo que sonaba bien en un momento, en otro nos damos cuenta de que no coincide con el camino que sigue el resto de la trama, o ya no se le encuentra un sentido.
Más allá de en qué resulte esa idea, creo que lo fundamental es tenerla guardada hasta el momento de usarla. Uno ya verá como cuenta la historia. A mí al menos, me gusta saber qué es lo que voy a contar.

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