SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


05 noviembre, 2012

Mi carrera - Distracciones


Mi capacidad de atención tiene una variabilidad que aterraría a cualquier agente bursátil, si viviéramos en un universo donde la capacidad de atención cotizara en la bolsa:
Puedo enfrascarme en un libro durante ocho horas sin darme cuenta de que un terremoto está destruyendo la casa a mi alrededor, y del mismo modo puedo perderme en el vuelo de una mosca tras leer dos párrafos seguidos. También puedo recorrer un capítulo entero y darme cuenta de que no retuve absolutamente nada de lo que leí (capacidad descubierta en mi paso por la facultad). 
Esto aplica en muchos ámbitos: ver películas, series, charlar con personas. Sé que no es algo muy exclusivo de mi persona; está bastante en estudio en la sociedad actual, y parece que las computadoras, internet y la televisión son bastante responsables. Supongo que la solución más fácil sería hacer una gran hoguera con esas cosas, pero… bah, tampoco hay que llegar a esos extremos. O no siempre.
Así que me distraigo fácilmente... ¿y que hago al respecto?

Al momento de escribir, suelo hacerlo estando sentado. No se si tendrá que ver con la irrigación de las neuronas, con mi facilidad para quedarme dormido, o simplemente con poner otra excusa, pero estando acostado no suelo poder concentrarme en escribir.
Prefiero estar cómodo, pero no es un requisito sine qua non.
Desde pequeño que puedo abstraerme de la mayor parte de la música, con lo cual no me afecta demasiado. Pero si depende de mí, la apago y dejo que el sonido predominante sea  el que está dentro de mi cabeza.
Quedan dos aspectos fundamentales, y que son los que más me afectan.
Uno es que suelo escribir estando solo. He probado de escribir con compañía, pero por lo visto mi sociabilidad (que tantas veces es nula), decide explotar en esos momentos, en los cuales me surgen temas de charla como si tuviera que tapar un silencio de radio. Incluso el estar acompañado me afecta más allá de los diálogos. Me gusta estar solo, al menos en la habitación (u oficina). Mi gato Merlín es una excepción a esta regla. Aunque ayuda su gran apoyo a mi carrera como escritor: suele quedarse sentado a mi lado, callado y sin hacer lio, para variar.
El otro gran aspecto a considerar al distraerse… es la querida internet. Creo que el peor enemigo de un (este) escritor, es tener abierto un explorador. Recibir mails, ver que hay notificaciones en Facebook. Soy un escritor de computadora. No tengo una máquina de escribir (confieso que me encantaría), y evito el papel siempre que me sea posible (no por ecologista, sino porque me gusta editar mucho mientras escribo). Así que prácticamente siempre que estoy escribiendo, estoy en la PC. Y la PC tiene Wi-Fi, y si mi computadora está prendida, está abierto mi mail y mi Facebook. Me declaro culpable, su señoría, solo dígame a quién le pido mi última comida.
Ya los escucho, gritando que cierre el explorador, que desconecte el Wi-Fi, o que simplemente me deje de romper los quinotos y no caiga en la tentación. Respondo en orden inverso: es una de las pocas tentaciones donde me dejo caer, suelo estar descargando cosas y… Google. Así de simple: Google. Soy un escritor, y por lo tanto trasmito con palabras. Pero mi cabeza es un altillo bastante desordenado, y muchas veces no encuentro la que quiero. He leído mil veces el consejo de no detenerse a buscar palabras mientras uno escribe, pero me cuesta evitarlo. Entonces muchas veces caigo en googlear, acortando los tiempos de búsqueda considerablemente. También lo hago para buscar alguna referencia, o conocer con que se hace un trago. A veces, simplemente asegurarme de no haber elegido para mi héroe el nombre de un oficial Nazi.
Así que conectado a Internet, y con el explorador abierto. Pero Facebook lo cierro. No tengo abierto ningún chat. Ignoro mi celular todo lo posible. Y elijo no pensar en que voy a comer, o por cual capitulo de tal serie voy. Es una batalla, y de las más difíciles, pero merece ser peleada.
Seguramente, si hubiese existido Internet, Shakespeare no hubiese escrito tantas obras. Pero si pensamos la cantidad de libros que escribieron Stephen King o Terry Pratchet… no hay excusa. A (en)cerrarse cuanto haga falta, y a tipear.

No hay comentarios.: