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Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

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Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

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Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


12 noviembre, 2012

Mi carrera - Elipsis y espirales

Henry buscó las llaves en el bolsillo, con bastante dificultad. Aunque era diestro, estaba usando la mano izquierda: su brazo derecho estaba ocupado, tomado por Mary, su resplandeciente prometida. Habían tenido una gran cena: Langosta, champagne… y el anillo.
Abrió la puerta, y por un momento pensó que había dejado la televisión encendida. Medio instante más tarde se dio cuenta que la explosión no provenía de ninguna serie ni película, sino del arma humeante con la que acababan de dispararle.
Cayó al suelo, sin poder hacer nada para detener el impacto. Mary ya lo había soltado, pero sus manos habían volado a tapar el agujero hecho por la bala, en medio de su pecho. Alzando sus ojos, Henry vio fuera de foco al tipo que le había disparado. Mary gritaba. El tipo apuntaba hacia ella. Henry quiso gritar, quiso pararse y golpear al sujeto. No pudo. El aliento lo abandonaba, la sangre se le escapa, la vista se le perdía. Escucho otro disparo. Y ya no oyó nada.

Rodeado de trajes y vestidos negros, sin soltar una lagrima, vio como bajaban el cajón. Vio como caía la primera palada de tierra, y las que la siguieron. Vio alejarse para siempre a su prometida. Henry debía estar en el hospital, pero no aceptó que la enterraran sin estar él presente. La ceremonia terminó, y él no soltó ni una lagrima. No lo haría hasta que capturaran a quien se había llevado a la única persona que lo había amado.


¿Un poco trillado? Es cierto. Pero este texto no trata sobre originalidad, sino sobre un recurso. Si trazáramos una línea del tiempo en este breve (e inconcluso) relato, veríamos que se produce un salto. Henry cae al suelo, le disparan a Mary y… de repente estamos en el triste entierro de la muchacha (digo en mi defensa que no hice que lloviera en la escena. No esta vez, al menos).
Ese salto en el tiempo, suele denominarse “elipsis”. No estoy descubriendo nada nuevo, y su uso está muy difundido, tanto en literatura como en el cine. Curiosamente, parece que según Wikipedia, las “elipsis de escenas” corresponden solo al cine. Allá ellos, a mi el nombre me gusta, así que lo voy a seguir usando.
Me ocurre algo muy curioso con la palabra elipsis, y es que me hace pensar en un espiral, en un torbellino. Quizás tenga algún origen esa asociación. Lo tenga o no, resulta apropiado: me veo constantemente atrapado por elipsis, me succionan, me llevan, no me permiten escapar de ellas.
Acostumbro a escribir textos cortos, por lo general de una página de Word, y rara vez paso de las cuatro carillas. Tengo toda la intención de escribir varias novelas, pero de momento esa es la extensión máxima a la que llego.
En los textos cortos, he descubierto que las elipsis son una herramienta maravillosa. Uno quiere contar mucho en pocas palabras, y poder eliminar escenas, haciendo que su contenido pueda sobreentenderse, permite desarrollar las historias de un modo increíble. Ni hablar de que hace partícipe al lector, dejando huecos para que complete con su imaginación.
También hay novelas, textos largos, donde se utilizan las elipsis. Y creo que es un recurso totalmente válido. Pero ahí es donde entra en juego lo que mencioné antes: me veo atrapado por ese espiral de elipsis, y me cuesta horrores evitar utilizarlas. Cuando las acciones se tornan largas y ameritan ser detalladas, aprovechando la posibilidad que brinda un texto largo de explayarse sin limitaciones… Mi alma de escritor me empuja a poner una elipsis. Y no está bueno.
Uso las elipsis cuando me resulta necesario y cuando se que van a generar un efecto de complicidad con el lector. Otra cosa muy distinta es usarlas para evadir la tarea de desarrollar acontecimientos que merecen ser contados.
Solo puedo decir que soy vago desde la cuna, y que voy a seguir peleando con eso. Confío en que voy a ganar esa batalla. Lástima que no puedo poner una elipsis que me lleve al momento del triunfo.



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