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Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


27 noviembre, 2012

Mi Carrera - La Línea de la Muerte


Lorena miró hacia atrás y vio su final demasiado cerca. La Línea de la Muerte. ¿Cómo había podido ocurrir eso? ¿Cómo lo había permitido? Hacía tan solo unos días, la Línea de la Muerte era algo lejano y por lo cual no valía la pena preocuparse. Nada que la afectara.
Ya no. Ahora veía esa frontera, ese límite trazado en la realidad avanzar hacia ella. Acercándose. Rodeándola. Amenazándola. La Línea de la Muerte. Lorena sabía que solo tenía una opción.
Inspiró lentamente. Se mentalizó, llenando su conciencia con un único objetivo. Sonrió ante el desafío. Y comenzó a escribir, sabiendo que entregaría el trabajo antes de ser alcanzada por La Línea de la Muerte.

Un deadline es un plazo límite, un momento en particular, para el cual algo debe estar terminado. En el texto de arriba, jugué un poco con la traducción libre de llamarlo “Línea de la Muerte”, pero esa traducción no sería realmente válida (007, licencia para poetizar).
Ahora bien, cuando se trata de deadlines, creo que hay dos posturas extremas en las cuales la gente suele caer, casi sin medias tintas. Hay quienes trabajan fantásticamente con un deadline marcado, aumentando su niver de esfuerzo cuando ven cerca ese límite prefijado… y hay quienes se sienten aterrados por los deadlines, convirtiéndose en una pila de nervios ante la necesidad de cumplir con todo dentro de un plazo cada vez menor.
Es cierto que también están las personas que encaran sus proyectos y ponen manos a la obra más allá de la lejanía del deadline, simplemente trabajando ordenadamente desde un principio, y terminando de decorar la torta mucho antes de que llegue ningún invitado. Un monumento para ellos… pero obviamente no sirven para analizar el caso de los deadlines.
En mi caso, pertenezco al primer grupo mencionado. Tener una fecha tope cerca, me motiva a trabajar con más esfuerzo, con más creatividad y energía. Creo que en parte por eso me ha ayudado tanto asistir a un taller literario, donde hay que llevar una tarea cada semana.
Claro que es un arma de doble filo (expresión que nunca he terminado de comprender): Si bien el saberme cerca del momento cúlmine generalmente me ayuda a acelerar mi trabajo, también es cierto que en cuanto percibo que el tiempo restante no va a resultar suficiente… desaparece mágicamente toda esa renovada energía con la que contaba.
Lo bueno que tienen los deadlines es que si uno les pone la actitud mental necesaria, ni siquiera necesita que vengan de fuera. Si bien con ciertos fallos, yo mismo me he propuesto publicar todos los lunes un texto sobre mis pasos en esta carrera como escritor, y los jueves un texto de narrativa o similar. No puedo decir que lo esté cumpliendo en un ciento por ciento, pero generalmente si lo hago, y sé que lo único que me obliga a hacerlo es mi propia decisión.
Por otra parte, y si bien es un juego border este de los deadlines y escribir a último momento, probablemente si uno consigue un trabajo remunerado (¡o incluso no remunerado!) como escritor, va a tener que cumplir con fechas y plazos de entrega. De modo que quizás, esta situación un tanto extrema sirva como una práctica a futuro.

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