SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


06 diciembre, 2012

Al caer la noche



El viento soplaba fresco, las personas apuraban el paso ante los últimos rayos de sol. Muy poco después, cayó la noche sobre la ciudad. Cayó la noche, y se rompió.
Augusto casi se desmaya al notarlo. Antes de hacer nada más, detuvo el tiempo. No porque con eso solucionara algo, sino porque sabía que si dejaba que la gente viera simplemente la noche caída de un momento a otro y para colmo rota, iba a tener serios problemas.
Era el encargado de colocar la noche en su lugar. Estaba a punto de terminar su periodo de prueba, quedar efectivo en el puesto, ser oficialmente un anochecedor. Y acababa de romper la noche contra la ciudad.
Ciertamente no era un trabajo muy difícil. Su tarea consistía básicamente en esperar la hora adecuada, e ir bajando la noche poco a poco. Alguna vez había que destrabar una estrella que se quedara enganchada, de vez en cuando empujar la luz del sol que estuviese rezagada.
Hasta ese momento Augusto no había tenido nunca un problema grave. Se había puesto algo nervioso cuando era nuevo. Alguna vez olvidaba que solo tenía que poner la noche en los polos una vez cada seis meses, pero siempre había llegado a solicitar una aurora boreal a tiempo, y ni siquiera había quedado registrado en su expediente.
Claro que esta vez era diferente. Había roto la noche. La quebró, la destrozó, la hizo estallar en pedacitos.
Poniendo su cabeza entre las manos, masajeándose la sien, Augusto repasó mentalmente el manual de procedimientos que le habían dado cuando empezó con el trabajo. Obviamente, no lo tenía a mano: lo había dejado en su casa. Hacía bastante que ya no necesitaba consultarlo.
Aunque intentaba concentrarse su cabeza se negaba a avanzar. Reproducía una y otra vez lo que acababa de suceder: él, bajando la noche, poco a poco. Oscureciendo primero los lugares donde era invierno, apenas después los lugares donde era verano. Encendiendo estrellas a medida que la luz las favorecía. Bajando la temperatura unos grados. Y entonces, se le cayó. Pensó que quizás se la había resbalado de las manos, o que tal vez lo había golpeado un rayo desde alguna tormenta, y eso lo hizo soltar la noche. Se revisó y no encontró ningún indicio de quemadura. Había sido simple torpeza.
Volvió a mirar como estaba todo. La noche se veía cerrada. Hermética. Apenas había llegado a poner tan solo unas pocas estrellas, y en general no había nubes como para disimularlo.
Podía llamarlo a Tito, ver si lo encontraba despierto, pedirle que fuera de urgencia. Tito se encargaba de los amaneceres, seguro que podía levantar la noche un poco, y con los relojes detenidos la gente apenas iba a notar algo raro.
El problema es que no solo había dejado caer la noche, sino que con el golpe la había roto. El daño no había sido tan grande como Augusto pensaba al principio, pero no había forma de que Tito no lo notara. Se había cortado en tres pedazos grandes, otro más  pequeño, y tenía algunas rajaduras por varias partes. Algo tenía que hacer antes de llamar al amanecedor.
Se le ocurrió una idea, y pensó que quizás serviría. Como no tenía ninguna otra, decidió empezar por ahí, y ya iría viendo que tal resultaba.
Sin detenerse a pensarlo se zambulló en el mar, y buceó hasta la parte más profunda. Le costó bastante esfuerzo, ya que no solía moverse fuera del aire. Luego de muchas brazadas llegó hasta el fondo del mayor abismo marítimo. Encontró lo que buscaba. Tenía que servir.
Arrancó un poco de la oscuridad que había ahí, con la esperanza de que nadie la echara en falta. El mar era grande, no podía ser tan grave.
Salió de nuevo a la superficie, y lustro una de las rajaduras con cuidado. Se alejó un tanto, y le pareció que quedaba suficientemente bien. Miró desde otros ángulos, y se convenció de que nadie notaría que el tono era un poco diferente. Probó poner un par de estrellas alrededor, y entonces quedó realmente satisfecho.
Comenzó el trabajo en serio, repasando cada una de las grietas. La oscuridad del mar era espesa, pesada, y con varias capas una sobre la otra logró unir las piezas en que se había quebrado la noche.
Casi terminaba, solo le faltaba asegurar el pedacito más pequeño de noche que se había partido, cuando llegó Tito.
La situación era rara, y Augusto lo sabía. El tiempo detenido, la noche completamente baja, y él lustrando un pedazo de cielo con un puñado de oscuridad.
Tito debió notar la actitud culpable de Augusto, porque se rió con una gran carcajada. Augusto comenzó a decirle que simplemente estaba… Cuando Tito lo interrumpió y le dijo que no era nada, que debió haberlo llamado.
Con la oscuridad todavía fresca, Augusto se quedó duro al ver que Tito levantaba la noche hasta donde correspondía. Con las palabras atoradas, Augusto intentaba decir que aun no había terminado, que tenía que… Y Tito ya ponía en marcha al tiempo, volviendo a poner en funcionamiento el mundo.
Recién entonces Tito prestó atención a Augusto, y le preguntó qué hacía. Augusto buscaba alguna respuesta que sirviera, cuando escuchó un rugido como jamás había oído.
Una ola gigantesca se formó en el mar. Una ola mayor que cualquier montaña. Una ola que llegaba al firmamento, y que embistió contra el cielo.
Augusto entendió que ese era el costo de la oscuridad que había robado. La noche tembló con el impacto del golpe, produciendo una nota aguda.
El mar se calmó del mismo modo que se había embravecido, pero había sido suficiente. El golpe había hecho caer el pequeño pedazo de noche que no había sido completamente asegurado.
Tito miró a Augusto con una mezcla de estupor y fiereza por partes iguales, exigiendo una explicación.
Augusto respiró profundamente, y su mente se iluminó. Dijo que eso era lo que hacía. Estaba haciendo un pequeño agujero en la noche, para que la luz pasara por él. Porque la noche, con todo y estrellas, a veces resultaba demasiado oscura. Estaba haciendo una Luna para la Tierra.

[Conteo de "pero"s en texto original: 8.]
  

9 comentarios:

MaRu dijo...

Magia en letras.

Mabel, mamá de Sol dijo...

Hermoso (en espera de Juli lectora y para convertirlo en serie...como tantos de tus trabajos que dejan ganas de más)

Embistió
Besote

West dijo...

Muy bonito, muy mágico :)

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas gracias por todos los comentarios :)
Este no es uno de los textos que nacen en mi mente como serie, pero quién sabe? quizás termina siendolo.
Ciertamente, me alegra disfrutaran la magia :)

Y ya corregida la palabra!

Mabel, mamá de Sol dijo...

Me acabo de dar cuenta que, cuando compaginé la casilla de mail para el colegio de Sol, quedé estampada como "su madre". Ahhh, veré cómoo arreglarlo.
Otros besos

Ana Romero dijo...

Siempre, es un placer leerlo Mr. Cuadro.
Siempre

Anónimo dijo...

Simplemente maravilloso!

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas gracias Ana y Daniela! (comentario anónimo atribuido en el próximo post)

Lorena Schenquerman dijo...

Hermoso cuento, profe :)