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Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


13 diciembre, 2012

Cuando todo es distinto.


Abrió los ojos, completamente despabilada. Tardó un momento en comprender donde se encontraba. Estaba en una habitación. En su habitación, se corrigió. Acostada en su cama.
Giró sobre su cuerpo y se incorporó para sentarse, pero sosteniendo los pies en el aire, evitando que tocaran el suelo por un momento. Tomo una bocanada de aire. Ese aire que se sentía tan distinto. Era aire húmedo, aire con olor, con olores: olor a rocío, olor a viejo, a pegamento, a sabanas limpias. Finalmente, apoyó los pies en la madera del parquet.
Un temblor la recorrió. Era un piso frío. No le gustaba como se sentía, pero iba a tener que acostumbrarse. Se quedo quieta un momento, esperando a que su cuerpo entrara en calor o se acostumbrar a ese tacto helado. Se frotó los brazos, sintiendo su piel de gallina, maldiciendo ese camisón que llevaba puesto que no abrigaba nada.
Miró a su alrededor. Las paredes vacías, excepto por un armario. Y el armario también estaba vacío. En el piso había una cortina tirada, hecha un bollo. Desde donde estaba, vio el mundo a través de la ventana, abierta de par en par, pensando que era mejor que no estuviese puesta la cortina. Le gustaba ver ese árbol, grande, frondoso, más viejo que la casa. Le recordaba una vida que no quería olvidar.
Con un suspiro, hizo el esfuerzo de pararse. Todo estaba en penumbras, apenas empezaba a amanecer. Caminó hasta el interruptor que había al lado de la puerta y lo pulso una, dos, tres veces, y no pasó nada. Salió al pasillo.
Vio cajas y más cajas apiladas una encima de otra. Solo un par estaban abiertas. Libros. Frágil-Cosas de los Estantes. Ropa de Cama. Ropa de Valentina. CDs y Películas… Ropa de Valentina. Ella era Valentina, ahí estaría su ropa. Pensó en cambiarse, pero ya se había acostumbrado al frío. Lo haría más tarde.
Recorrió unos pasos, y se detuvo frente a la otra habitación, donde la obra todavía no estaba terminada. El parquet no estaba puesto todavía. Valentina pensó que cuando viera a los obreros, les diría que no lo colocaran. Se cambiaría a esa habitación, donde no tendría que pararse sobre hielo cada mañana. Pero dejaría de poder ver el árbol… Ya decidiría más tarde que hacer.
Siguió caminando, hasta llegar al baño, donde desde la ventana ya entraba algo de luz, suficiente para poder ver con claridad al menos.
Valentina se miró al espejo. Su cara redondeada. Su pelo apenas ondulado, tímidamente negro. Su nariz alargada. Sonrió con resignación. No era su rostro, pero era el que tenía. No se iba a preocupar por algo así. Había esperado demasiado tiempo, hasta que finalmente se concretara la venta de la casa. Hasta que terminaran con la mayor parte de la obra. Hasta que la mudanza estuviese lista. Hasta que… cerca de la madrugada, esa chica cayera dormida de una vez. Y finalmente pudiera poseerla, tomar un cuerpo y dejar de ser solo un alma perdida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un placer leerte! Unico! Especial!
(perdón, en el texto anterior mi comentario quedó como anónimo, no fue la intención) Daniela

Un Cowboy Actual dijo...

Muchas pero muchas gracias! :)
Por cierto, eso me recuerda una deuda pendiente...