SECCIONES

Narrativa

Cuentos, relatos y delirios varios. La producción de esta fábrica artesanal de textos en que quiero convertirme.

Carrera

Descubrimientos, consejos y opiniones que me van surgiendo en estos primeros pasos como escritor.

Reflexión

Divagues, análisis y pensamientos, sobre la vida, el amor, el destino y todo aquello que se me cruza en el camino.

Fotografía

Una palabra puede decir más que mil imágenes, o eso opino yo. Pero a veces, una imagen puede hablar por si sola.


04 diciembre, 2012

Mi carrera - Tiempo al tiempo


Como supongo que le sucede a muchos escritores, espero algún día poder vivir de la escritura. Publicar novelas, escribir guiones, participar en alguna revista. Que me paguen por eso, y que esa sea mi vida profesional (en cualquier caso, esa me parece una excelente acepción para definir a un escritor: quien desea vivir de la escritura, y lo intenta).
Muchas veces leí que para ser escritor, el secreto es apoyar el traste y ponerse a escribir. No puedo discutir eso, aunque si creo que ya sea con el traste apoyado o no, la mayor parte del trabajo del escritor no es escribir… sino pensar. Pensar, imaginar, desarrollar, observar, crear, y demás infinitivos que vengan al caso.
Justamente esa lista de cosas, toda esa actividad mental, es la parte quizás más difícil de explicar. Creo que es la que más varía de persona a persona.
Porque escribir, en si mismo, es igual para todos. Puede haber unas pocas variantes: quienes escriban estando solos, quienes acompañados; quienes lo hagan con música, quienes en silencio; quienes escriban fumados, o unicamente cuando se despiertan, o entre las 4 y las 5 de la mañana.
El momento de escribir, al final de cuentas, va a ser el mismo más allá de si se hace en papel o en digital.
En cambio la parte de pensar me imagino que es algo único para cada persona. En mi caso, la mayor parte de las ideas las desarrollo viajando. No me refiero a grandes viajes de introspección por las profundidades de mi alma, ni a maravillosos viajes por el extranjero y tierras extrañas. Me refiero, principalmente a viajes en colectivo y/o tren. Caminando también.
Antes de escribir, excepto en contadas ocasiones, tengo bastante masticado lo que voy a poner en el papel. Llegar a eso lleva tiempo. De modo que tengo que tener mi mente concentrada en esa historia por un rato, lo que puede llegar a ser bastante difícil ya que mi cerebro disfruta mucho de saltar de una idea a otra, y pensar en veinte cosas al mismo tiempo. Ni hablar cuando alguna de esas cosas, distinta a escribir, empieza a acaparar mucha atención. Se puede llegar a complicar mucho desarrollar una idea.
Eso no es todo: puede que esté pensando en una historia, que la esté desarrollando y me quede jugando con ella por horas… pero que todavía no esté lista para ser escrita. O que sea una historia “larga”, y no la historia corta que estoy buscando para la tarea del taller o un texto en el blog. Con lo cual, mi mente está plenamente en modo escritor y aun así no soy capaz de producir nada que me sirva inmediatamente.
Por suerte (futuros editores que quieran trabajar conmigo, lean esto y siéntanse tranquilos), los deadlines suelen ayudarme mucho en ese sentido.  Cuando el tiempo se está acortando y ya no hay lugar para desviarme en mis pensamientos, encuentro de alguna forma el camino que me lleva hasta terminar la historia que quiero contar ahora, y que cumple con los requisitos que yo le esté pidiendo.
El problema es que a veces no hay deadlines. Uno puede auto-imponérselos, pero no siempre es lo mismo. Además no se puede trabajar solo con deadlines, porque a veces es lindo tener proyectos que no tienen un “cuándo”, sino que simplemente son proyectos para ir desarrollando.
Si a todo esto le sumamos que los talleres literarios entran en época de vacaciones, y que las muchedumbres de personas que leen este espacio aun no son muchedumbres demasiado grandes… se torna fácil que mi mente se escape por caminos no productivos.
Tengo en claro que debo encontrar la forma de reservar tiempo a ese proceso mental que llevo a cabo para escribir. Vale el esfuerzo, totalmente. Supongo que, como tantas cosas, se requiere simplemente práctica y entrenamiento para hacerlo una costumbre.
Lo bueno es que aun mientras no esté pensando en historias para escribir (ni escribiéndolas), puedo escuchar a ese tigre interno que es mi lado escritor. Puedo sentirlo olfateando ideas. Siento sus garras clavándose en mí cuando se prepara para saltar sobre una historia. Ese tigre que tengo que domesticar. Domesticarlo apenas, ya que no querría perder su lado salvaje. Domesticarlo para poder llegar a ser un escritor completamente.


(…dijo el Principito:) –¿Qué significa "domesticar" ?
–Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro.– Significa "crear lazos..."
–¿Crear lazos?
–Claro –dijo el zorro.– Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...
El Principito, Capítulo XXI - Antoine de Saint-Exupéry.

[Conteo de "pero"s en texto original: 4 -omitiendo cita textual-.]

No hay comentarios.: